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Una propuesta de una renta básica justa, debe mostrar cómo se financia

És Bàsic, la Plataforma Juvenil en defensa de la Renda Bàsica Universal, ha editado este recopilatorio de artículos que han redactado distintas revistas para este fin. Estos artículos desarrollan la propuesta de implementación y algunos de los efectos de cambio que puede provocar esta medida. El conjunto del material se encuentra en https://esbasic.com/Recursos. A continuación, ofrecemos la traducción del artículo de Daniel Raventós con el que colaboró Sin Permiso.

“Quien no conoce la verdad es simplemente un necio. Pero quien la conoce y la llama mentira es un criminal”. B. Brecht

La defensa de la propuesta de la renta básica se puede hacer por motivaciones muy diferentes. Me refiero a motivaciones de carácter técnico, político o normativo (o, en ocasiones, una combinación de los tres aspectos). No a las personales. Hay quien defiende (o discute o investiga) la renta básica para realizar una tesis doctoral o un trabajo de fin de grado, o para escribir un libro sin mayores motivaciones que las puramente personales como labrarse una carrera académica en ambientes favorables a la propuesta, o seguir la corriente a lo que está bien visto en determinados círculos en un momento dado. Son motivaciones personales que aquí no interesan. Me refiero únicamente a las motivaciones que se pueden agrupar en sus aspectos técnicos, políticos o normativos. Una de estas motivaciones es la que puede calificarse de instrumental. Se trataría de la defensa de la renta básica como un mal menor ya que de no establecerse esta medida se podrían dar situaciones sociales peores o más indeseables que las actuales. Considérese, por ejemplo, la defensa de la renta básica porque esta medida podría evitar que las personas pobres exigieran con el tiempo unos cambios que pusieran en peligro el actual orden social. Otra motivación en la defensa de la propuesta de la renta básica puede ser simplemente técnica. Dado el evidente fracaso de los subsidios condicionados tipo Ingreso Mínimo Vital, la propuesta de la renta básica ofrece razones técnicas que la califican como alternativa potente. También pueden incluirse aquí a las personas que consideran que la robotización de muchos trabajos con la más que probable pérdida de millones de puestos de trabajo no compensada por los de nueva creación, invita a pensar en una medida “inevitable” como la renta básica. La motivación normativa y política para defender la renta básica más descollante es la que la contempla como una forma de realizar una sociedad más justa. Me sitúo justamente aquí. Ha habido distintas aproximaciones a partir de diferentes teorías para mostrar la justicia de la renta básica. La que he desarrollado con otros partidarios y partidarias de la renta básica, especialmente con la Red Renta Básica y la revista Sin Permiso, es la concepción republicana-socialista. Esta concepción de la libertad se remonta a 23 o 24 siglos. Y ha tenido desarrollos muy diversos a lo largo de este dilatado lapso de tiempo. Pero si tuviera que resumirla muy sintéticamente sería así: una persona no es ni puede ser libre si no tiene la existencia material garantizada.

Pero la renta básica no puede solamente limitarse a demostrar que “es una propuesta justa”. Porque siempre surgirá esta pregunta: ¿Puede financiarse? De ahí que cada vez haya más investigaciones[1] sobre cómo puede financiarse, además de las ya más tradicionales de cómo puede justificarse normativamente.

Investigar y escribir sobre la financiación de la renta básica, significa tratar de impuestos. Los impuestos, como tantas otras cuestiones si bien con una superior virulencia, son conflictivos. Y valorados de forma muy diferente según se pertenezca a un pensamiento próximo a alguna variante estándar del liberalismo o a uno cercano al republicanismo socialista. Para los primeros sería algo así como un robo hacia los más ricos. Para los segundos una condición de la libertad. En medio podemos encontrar todo tipo de gradaciones.

Decirlo con pocas palabras tiene el inconveniente del esquematismo, pero vamos a intentar hacerlo en beneficio de la necesaria brevedad en forma de tesis:

  1. Las riquezas privadas existen porque las hacen posibles las instituciones públicas.
  2. Los derechos privados son bienes públicos.
  3. La ley crea riqueza y desigualdad.
  4. De la misma manera que no existen los mercados sin los gobiernos (todo mercado está regulado políticamente), no existe propiedad sin instituciones públicas.
  5. El derecho de propiedad es un servicio público que se disfruta de forma privada.
  6. El derecho a la propiedad privada tiene muchos costes. El derecho a enriquecerse y a tener una gran fortuna, tiene costos para toda la población que paga impuestos.
  7. El subsidio público que recibe una persona tiene un coste, como también lo tiene disponer de una gran riqueza para la misma población contribuyente. La propiedad privada se mantiene mediante la policía, el ejército, el sistema judicial y un buen puñado de subvenciones y desgravaciones fiscales. Y esto cuesta mucho dinero.

Los impuestos no se llevan bien con las grandes fortunas. En palabras de un estudioso de las grandes desigualdades, Sam Pizzigati: “A los ricos (…) no les gusta pagar impuestos cuando las tasas impositivas son elevadas. Tampoco les gusta pagar impuestos cuando las tasas son bajas”. Se utilizan todo tipo de argumentos en defensa de los más ricos: los impuestos limitan la actividad lo que provoca que haya menos puestos de trabajo; no es justo gravar dinero, por elevado que sea, que se ha ganado como recompensa de una actividad legal; el dinero ganado legalmente (o incluso un poco ilegalmente) solamente pertenece a su propietario y a quien éste decida compartirlo. Y similares. Quizás quien lo resumió de forma muy clara fue un rico famoso, John D. Rockefeller: “Cuando un hombre ha acumulado una suma de dinero siguiendo la ley, es decir, de la forma legalmente correcta, el resto de personas ya no tienen derecho a participar en las ganancias resultantes de esta acumulación”. Son argumentos que se repiten en épocas distintas y de formas muy similares. Una persona muy rica prefiere pensar que se lo ha ganado más o menos duramente, sea por su gran capacidad y originalidad innovadora, sea por su inteligente capacidad de ver nuevas oportunidades de negocio allá donde otros no son capaces de hacerlo, sea porque su capacidad de trabajo es muy elevada, sea porque son listos (y a más riqueza, más listos o más capaces), sea porque estaba en el lugar oportuno en el momento oportuno y supo evaluarlo, sea porque ha aportado beneficios a la sociedad gracias a sus inversiones. Lo dejó escrito el gran biólogo evolutivo Theodosius Dobzhansky hace 60 años: “El argumento favorito de los conservadores siempre ha sido que el estatus social y económico sólo refleja la capacidad intrínseca de las personas”.

Una renta básica es justa y se puede financiar en beneficio de la inmensa mayoría de la población no rica. En las últimas investigaciones sobre cómo hacer posible una renta básica, se muestra detalladamente la manera para que ninguna persona situada por debajo del 20% más rico en renta pierda. Entiéndase bien, la riqueza y la renta, aunque tienen claro está puntos en común, son dos conceptos claramente diferentes. La distribución de la riqueza está en cualquier lugar del mundo más desigualmente repartida aún que la distribución de la renta. Un par de datos de los muchos que pueden aportarse. El primero, la herencia media del 20% de los hogares más ricos del reino de España está por encima de los 300.000 euros. Si se está situado en el 20% más pobre no llegará a 5.000 euros de media: una proporción de 60 a 1, no está mal. El segundo, las familias verdaderamente ricas suman la corta cifra de 318.000 y supone el 1,7 % del total de las más de 18,5 millones que la Encuesta Financiera de las Familias determinaba para 2017 en el reino de España. Son datos que suponen parte de la base de partida que apoyan la necesidad de introducir también además de una reforma del impuesto sobre la renta, un impuesto a las grandes fortunas en propiedad (patrimonio) para financiar la renta básica. Así como un impuesto ambiental. Ya se ha demostrado para quien quiera detalles: Financiar una renta básica mediante una reforma del IRPF, un impuesto sobre la riqueza y un impuesto ambiental es justo, racional, factible y viable. Con efectos inmensos sobre la desigualdad. El índice de Gini por ejemplo, quedaría a niveles de los países más igualitarios actualmente del mundo como Suecia, Dinamarca, Finlandia y Noruega.

¿La renta básica acabará imponiéndose? Es deseable, en cualquier caso, como dijo el gran jurista Louis Brandeis, “La mayoría de las cosas que merecen la pena en el mundo han sido declaradas imposibles antes de hacerlas”.

Daniel Raventós

10/10/2023

Referencias:

Arcarons, J.; Bollain, J.; Raventós, D.; Torrens, L. (2023): En defensa de la Renta Básica: ¿Por qué es justa y cómo se financia?, Barcelona, Deusto.

Arcarons, J.; Raventós, D.; Torrens, L. (2023): Una renda bàsica europea, Barcelona, Fundació Irla.

Casassas, D., Martínez-Cava, J. y Raventós, D. (2021): “Socialismo y renta básica. Razones republicanas de la propuesta”, Revista Internacional de Pensamiento Político, núm. 15.

Domènech, A. (2004): El eclipse de la fraternidad. Una revisión republicana de la tradición socialista, Barcelona, Crítica. Reeditado el año 2019 por AKAL.

Raventós, D. (2021): La renta básica, ¿por qué y para qué? Madrid: Catarata.

Wright, E.O. (2006): “Basic Income as a Socialist Project”, Basic Income Studies, 1(1), 1-11.

[1] Para el reino de España y la Unión Europea, el último y detallado trabajo es: Jordi Arcarons et alii, En defensa de la renta básica, Deusto, 2023.

Doctor en Ciencias Económicas y profesor titular en la Facultad de Economía y Empresa de la Universidad de Barcelona. Es editor de Sin Permiso. Coautor de “En defensa de la Renta Básica. Por qué es justa y cómo se financia” (Deusto, 2023)
Fuente: www.sinpermiso.info, 15-10-2023

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